El duelo después de una tragedia

octubre 03, 2017

Imagen: Sergio Dorantes Sygma/Corbis
México,19 de septiembre 2017 irrumpe con fuerza un terremoto que hace vibrar los cimientos de la tierra. Minutos después, las redes sociales están que arden: ¿todos bien?, reportense, se ha sentido horrible y luego imágenes de edificios caídos, destrozos, calles cortadas, gente sufriendo,caos en diferentes  ciudades.

Mi padre me relata que se encontraba en el jardín de su casa y de pronto sintió cómo todo se movía, la piscina convertida de pronto en un mar enfurecido echando litros y litros de agua; se escuchaban cosas estallar dentro de la casa, sonidos metálicos de tubería, vidrios estallando, a lo lejos gente gritar y gemir, pidiendo ayuda.

Al entrar a casa, todo tirado, abierto, derribado, estallado, sin luz, ni electricidad..sin ganas de recoger ¿por dónde empezar? algunos vecinos salen a la calle, parece que todos están bien, pero algunos con daños bastante grandes en los cimientos de sus casas...y esto es sólo el principio.

Ya han pasado algunas semanas y algunas réplicas más del terremoto. Algunas personas han perdido la vida, otras han perdido sus casas o han sufrido daños materiales y muchas otras no hemos perdido nada, pero hemos estado observando de cerca con tristeza, desesperación  y/o impotencia lo que ha ocurrido en México.

El temblor pasó, la ciudades y sus habitantes intentan pasar página, continuar con sus vidas y muchos lo consiguen, pero para otros, el sentimiento y el dolor puede seguir prevaleciendo, algunos siguen temblando interiormente, incluso para quienes vivimos fuera del país.

Cosas similares pasan en otros países ante otras tragedias colectivas naturales como los recientes huracanes, tsunamis ó también ante tragedias colectivas causadas por el hombre como atentados terroristas, guerras, etc..

La situación ha quedado atrás, pero nuestra mente puede quedarse enganchada y tambaleante. Ante todo esto, yo me pregunto..si existe algún tipo de duelo colectivo después de una tragedia.

Y creo que si, pero como todo duelo, cada persona lo vive y elabora de manera diferente: hay quienes intentan minimizar o aparcar lo que les pasa , otros que requieren empaparse de la situación hablando mucho del tema, otros ayudando en lo que esté de su mano. Algunos canalizan sus sentimientos hacia la tristeza, otros hacia la rabia buscando los fallos y los culpables, otros hacia el altruismo, algunos hacia el miedo y los menos desarrollarán algún tipo de ansiedad como estrés postraumático.

Sea como fuere, cuando nos vemos envueltos en una situación de peligro, debemos hacer frente a uno de nuestros miedos más antiguos y enraizados: el miedo a la muerte y/o la de nuestros seres queridos.



Cuando de manera repentina nos vemos cercanos a la muerte empezamos a tomar conciencia de muchas cosas, surgen muchos sentimientos y pensamientos, que igual que cuando se queda una casa desordenada y rota después del temblor, nos es necesario volver a organizar, tirar y reestructurar lo que está bien, para poder seguir adelante libres de temor y sin secuelas psicológicas.

Ante una tragedia que afecta de manera directa o indirecta a un colectivo grande de la población, nos enfrenta a ciertas cuestiones como:


Ser conscientes que la vida es movimiento. Solemos vivir  creyendo que las cosas van a hacer igual que como hasta ahora y  que las cosas van a suceder según lo hemos planeado, pero  resulta que un buen día y sin previo aviso: las cosas cambian y la tierra se mueve!! Entonces vuelves en sí y te das cuenta que todo está en movimiento y todo es susceptible de cambio, TODO unas veces a nuestro favor, otras no, pero la vida es un constante movimiento. La vida es movimiento, todo ser viviente, todo átomo está moviéndose constantemente. Así que la pregunta es ¿te disgustan muchos los cambios? ¿estás preparado para estar moviendote junto con la vida?

Sentirnos vulnerables. Cuando los crustáceos cambian de un momento a otro su caparazón, se sienten muy expuestos y vulnerables , pero también les hace conscientes que su caparazón no es su esencia, sólo es una forma de protección, que irán cambiando a medida que crecen. Lo mismo pasa con los humanos, nos sentimos "protegidos" mientras vivimos en nuestros caparazones como son las rutinas diarias, nuestro trabajo, nuestra economía, nuestros diferentes roles y con nuestras emociones contenidas, pero ante un duelo nos damos cuenta de lo vulnerables y frágiles que podemos llegar a ser. Estos momentos no son nada agradables, pero nos sirven para darnos cuenta de quienes somos y que es lo verdaderamente importante y real para cada uno.

Saca nuestro lado más humano. Ante las tragedias humanas, el pueblo suele unirse y sacar su lado más noble dando muestras de solidaridad con la gente afectada, ya sea dando su tiempo y ayudando, aportando víveres, usando sus propias manos, gastando dinero o siendo canales de comunicación. Ante este tipo de desastres, salen a la luz héroes de la calle, se crean redes de apoyo para acoger a los afligidos. Aunque también el lado humano incluye nuestra parte mas vil y mezquina como intentar sacar provecho de la situación, ponerse méritos, robar lo ajeno, etc..Lo reconozcamos o no, todos tenemos ambas caras de la moneda dentro de nosotros mismos ¿Que cara de tu lado más humano quieres sacar a relucir? ¿Lo estás haciendo?

Tomamos conciencia de la muerte. Es curioso cómo la muerte siempre nos sorprende, a pesar que es casi lo único certero en esta vida. Las veces que he asistido a entierros, aún de personas mayores y ya enfermas, los familiares comentan algo así como "no me imaginé que ése sería su último día." Así que, la cuestión no es si vamos a morir o no sino ¿estamos preparados para muerte? o dicho de otro modo ¿Estás usando tu vida tal y como la deseas vivir? ¿Hay algo que estás postergando para hacer y no lo has hecho? Algo que puede significar un antes y un después en tu vida como perdonar a alguien, retomar tu relación con Dios, sacar a flote una idea que no puede quedarse dentro de ti, reconciliarte contigo mismo...

Ponerse cerca de la muerte curiosamente puede acercarnos más a la vida y puede impulsarnos a retomar aquello que es realmente importante y esencial.

Un duelo es un trance doloroso, es un golpe duro, un camino por el que nadie desea transitar. Sin embargo, si lo cruzamos valientemente y de cara, si lo usamos para hacer limpieza, ordenar prioridades y desechando aquello que estorbaba en nuestra vida, podemos vislumbrar que detrás del dolor y la pérdida, hay algo nuevo y mejor esperándonos al otro lado.



Animo!




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