Alimentación emocional ¿De que tenemos hambre ?

noviembre 24, 2016

alimentación emocional

Detectamos que tenemos hambre cuando notamos sensaciones raras e incómodas en el estómago, nos sentimos con poca energía, con poca capacidad para pensar, nerviosismo.. .¡Mamá, tengo hambre! pero ¿hambre de qué? solemos llenar este tipo de huecos con comida, pero a veces el origen es distinto al del hambre física, como en el caso de la alimentación emocional.

Nutrirse correctamente es esencial para mantenernos alejados de las enfermedades y mantener un estado óptimo de energía, pero es necesario primero comprender de cuántas maneras podemos alimentarnos y lo fácil que es despistarse por no prestar atención acerca de lo que realmente necesitamos.

Los tres cuerpos

Nuestro ser consta de tres cuerpos: el físico, el emocional-mental y el espiritual

Cada uno tiene necesidades distintas y se alimenta de diferentes cosas. Se encuentran en contacto constante y se influyen permanentemente.

El cuerpo físico se refiere al cuerpo con el que nacemos. Es el único de los tres cuerpos que tiene sistema digestivo y que podemos ver. Se alimenta de nutrientes de buena calidad y líquidos.

El cuerpo emocional-mental. Se refiere en general a nuestras emociones, nuestras sensaciones,nuestros pensamientos y nuestra capacidad de raciocinio. A este cuerpo lo alimentamos con relaciones personales sanas, con pensamientos positivos, con momentos de felicidad,con contacto físico, con besos, con una buena autoestima.

El cuerpo espiritual. Se refiere a nuestra esencia misma y la conexión con algo superior a nosotros mismo. A este cuerpo lo alimentamos con una relación cercana con Dios, con oración, con meditaciones o reflexiones profundas, con fé,con ayuno.

Cada cuerpo nos pide cosas distintas y para funcionar con armonía deberíamos nutrir a cada uno con su respectivo alimento, sin embargo, a menudo tendemos a confundir sus necesidades.

Por ejemplo:

 Cuando nos sentimos tristes o nerviosos queremos darle a nuestro cuerpo chocolate o nos metemos un atracón de comida. Esta es una necesidad desde la emoción, lo que es la alimentación emocional, pero no es realmente lo que el cuerpo físico necesita.

Cuando hemos sentido un vacío existencial y queremos cubrirlo con momentos que nos den placer, con estimulantes o drogas, esto es una necesidad que viene desde la emoción, pero en realidad el vacío existencial permanece porque no hemos alimentado a nuestra parte espiritual.

¿De qué tenemos hambre en realidad?

Para representar gráficamente las funciones de cada cuerpo pensemos que el cuerpo físico es nuestro vehículo para transitar por la vida, nuestro cuerpo emocional-mental es el motor del vehículo y el cuerpo espiritual es la guía que nos indica hacia dónde tenemos que dirigirnos.

Cada parte es importante e indispensable para funcionar en armonía y conducirnos hacia dónde queremos llegar.

La clave es aprender a diferenciar desde dónde viene la necesidad para poder cubrirla con lo que realmente necesitamos, es decir, de qué tengo hambre para saber realmente desde donde vienen mis carencias.

 Cuando siento un hueco en el estómago ¿es por hambre física? ¿o es porque estoy nervioso? ¿porque estoy dando vueltas a algo que me preocupa? ¿porque tengo que arreglar las cosas con alguien? es más fácil comer una bolsa de patatas fritas y así de momento se quita esa molesta sensación, pero si no hacemos antes una reflexión acerca de cómo estamos y qué necesitamos, pronto ese hueco volverá...

Con los niños nos pasa algo similar. Por la tarde, después de su jornada escolar y del trajín de las actividades extraescolares, el niño está cansado y hambriento, nos pide un bollo o unas chuches, algo que le ayude a aumentar su energía. Nosotros en lugar de darle algo que le calme y le nutra, cedemos y le ofrecemos alimentos extremos que le dan una energía rápida y acelerada y luego a la hora de la cena, no quiere saber nada de las verduras. Hemos hecho caso omiso a lo que su cuerpo realmente necesita.

También podemos confundir el hambre de comida por el hambre de piel, que es la necesidad que tenemos de ser abrazados, tocados, consolados.

Estos son ejemplos de alimentos que calman y nutren ideales para la merienda:

  • Frutas locales y de estación
  • Frutos secos y semillas
  • Zumos de frutas naturales
  • Yogur
  • Arroz con leche o avena
  • Un bocadillo pequeño de jamón


Las toxinas y su relación con las enfermedades

Cada cuerpo tiene sus nutrientes de buena calidad y sus toxinas, es decir, elementos que le dañan.

Las toxinas del cuerpo físico se encuentran en ingerir grandes cantidades de alimentos ricos en grasas saturadas de origen animal, alimentos procesados, harinas blancas y refinadas, exceso de azúcar, comidas hipercalóricas.

Las toxinas del cuerpo emocional-mental son los pensamientos negativos y destructivos, el estrés, el rencor, la envidia, el odio, relaciones personales destructivas.

Las toxinas del cuerpo espiritual son el orgullo, la falta de fé, la desesperanza, la desconexión, la incredulidad, la falta de un propósito de vida.

Alimentar cualquiera de nuestros cuerpos de manera constante con toxinas afecta directamente a nuestra salud, nuestro bienestar y nuestro nivel de energía vital. Es aquí cuando empiezan a florecer las enfermedades.

Según la medicina oriental cada emoción está asociada con una parte del cuerpo:

El hígado y la vesícula biliar se relacionan con la ira, agresividad y la impaciencia
El intestino delgado y el sistema cardiocirculatorio con la ansiedad, el narcisismo, la preocupación y darle excesivas vueltas a la cabeza.
El estómago, bazo y páncreas con la duda, la obsesión
El pulmón y el intestino grueso con los apegos,estancamiento de energía, atados al pasado
El riñón y la vejiga con el miedo, la falta de autoestima y la desesperanza.

La relación entre enfermedades, defensas bajas con  estados emocionales negativos, es algo ampliamente documentado.

Por otro lado, sobrados estudios científicos han demostrado que aquellos individuos que mantiene una vida espiritual a lo largo del tiempo, gozan de mayor salud física, mental y emocional que los que no, postula María Gasco médica clínica y psiquiatra.

No sólo lo que comemos sino cómo lo comemos

Las prisas, el estrés del día a día, el exceso de deberes y tiempo fuera de casa, hacen que no sólo comamos mal sino además:

-Nos apetecen alimentos rápidos como alimentos precocinados, fritos, pizzas..
-Estar picando entre horas
-Comer rápido sin masticar
-Comer de manera distraída viendo la televisión, con el móvil..
-Comer de manera irreflexiva y caprichosa (sólo lo que me apetece, hasta "reventar"..)

Dada la importancia que tiene la alimentación y su gran relación con nuestro bienestar general, creo que merece la pena, hacer una reflexión acerca de nuestros hábitos actuales en la mesa e intentar modificarlos, es decir, darse un tiempo para elegir mejor la cena, procurar sentarse a la mesa sin distracciones, que sea un momento distendido y procurar masticar más lento, disfrutando de los alimentos. 

Buscando no sólo aquello que nos viene a la mente, sino pensando en lo que realmente necesitamos.

Imagen Ikea


Lanzo el reto...creo que todos podemos mejorar nuestros hábitos alimenticios y armonizar mejor nuestros cuerpos: el físico, el emocional-mental y el espiritual. Por los niños y por nosotros ¿no merece la pena?

Saludos!







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1 comentarios

  1. Siempre pensamos en la alimentación como "gasolina" para el cuerpo, pero cuerpo físico, sin darnos cuenta de que somos más que huesos, piel y agua.
    Si a un coche no lo alimentamos con cualquier combustible, a nuestro cuerpo debemos mimarlo con alimentos de calidad para que el funcionanmiento físico, mental y neuronal sea óptimo.
    A mi hijo siempre le digo, tu cuerpo es un Ferrari,no le des combustible para una segadora, dale lo mejor y funcionará al 100% de su rendimiento.

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