Mama, ven a buscarme..vacaciones separados de los padres

julio 27, 2016


El verano, época muy típica donde los niños empiezan a vivir sus primeras experiencias de vacaciones separarados de los padres y/o a dormir fuera de casa.

Ya sea que se van unos días de campamento, un fin de semana a la casa de un amigo, a pasar unos días con la familia lejana o mandarlos con los abuelos una temporada; unos lo hacen antes, otros mas tarde, pero en algún momento de sus vidas nuestros hijos tendrán que enfrentarse a sus primeras experiencias de pasar pasar unas vacaciones separados de los padres. Algunos niños lo estarán deseando..otros tienen sus dudas, mientras que otros se resistirán a la experiencia.

Planeamos con antelación el viaje, organizamos con entusiasmo las vacaciones, siempre pensando que se lo pasen bien, que será una buena experiencia, que regresarán cansados y alegres contándonos todo lo que han hecho y lo felices que han estado....pero ¿y si no es así? ¿Que pasa cuando hablas con tu hijo y entre lágrimas te dice: Mamá, ven a buscarme..os hecho mucho de menos, ya no quiero estar más aquí? ¿Que harías como madre/padre?

Tristeza, alegría y orgullo. Eso he sentido yo la primera vez que mi hijo se separó de nosotros y se fue una temporada a casa del abuelo y no fue cualquier viaje:  Tenía casi 7 añitos cuando voló en avión a México y se pasó allí tres semanas, viajó con un primo mayor, que por distancia apenas y conocía...pero lo pasó francamente bien Pasamos la prueba de la primer llamada telefónica a distancia con sobresaliente: voz bajita eso sí, pero sin lágrimas, sereno...ya a mediados del viaje, apenas y quería hablar conmigo,estaba demasiado ocupado..incluso me dijo que quería quedarse mas tiempo.



Pero....este verano y con un año más la cosa ha ido diferente.

Una punzada en el corazón. Eso sentí cuando después de marcharnos y de haber recorrido mas de 300 kilomentros por Castilla a la hora que la autopista vomita fuego, nos llama la tía para decirnos que el niño está un poco extrañado y que quería hablar con nosotros.

El plan era que el niño se quedara unos días con la familia paterna en Madrid.

Se escucha una voz apagada, es mi hijo, diciéndonos que nos echa de menos y que está triste. Le damos ánimos, pero dentro de mí, salta la alarma, la alarma de instinto materno rescatador, ya estoy pensando en querer volver, en buscar billetes de avión o de tren para irle a buscar.

El padre también se acelera, dice que si se encuentra así, va a ir a buscarlo, son casi 600 kilometros entre Madrid y La Coruña y no tiene días de vacaciones, pero no importa, recorrerá 1200 kilometros en su día libre, si es necesario.

No, no quiero que mi hijo lo pase mal, no quiero que sufra, se supone que las vacaciones son para pasarlo bien..eso voy pensando de camino.

Impotencia y culpa. No debimos haberlo dejado, teníamos que haber previsto que se iba a aburrir sólo con la tía, ya es demasiado tarde para arreglarlo..

Intento serenarme, necesito tiempo para reflexionar acerca de esta situación, antes de saltar y tomar cualquier decisión acelerada.

Espera un momento...pero ¿no es acaso la misma alarma que se enciende cuando mi hijo de pequeño subía a un tobogán muy alto y sentía unas ganas enormes de arrancarlo de allí? ¿No es la misma alarma que sonaba las primeras veces que se tiraba al agua? ¿La misma que me suena ahora con su hermanita cada vez que quiere meterse algo a la boca? ¿O la primera vez que la puse en el suelo para que aprendiera a gatear?

Se me escapa una lágrima.. desearía que siempre mis hijos fueran felices, que siempre lo pasaran bien, que no doliera tanto aprender, que cada llamada telefónica a distancia fuera para contarme algo divertido y alegrarme el corazón...pero no, en esta ocasión no es así.

Yo no recuerdo haber echado de menos así a mis padres, no se me viene a la memoria ninguna experiencia negativa estando fuera de casa. Quizás por eso me cueste trabajo reaccionar bien, sin minimizar, pero sin sacar las cosas fuera de contexto.

En cambio mi marido me confiesa que en los varios viajes que hizo con su tía-abuela, sí que echaba de menos a su madre, que en muchas ocasiones estaba contando los días para volver, que no siempre fueron vacaciones agradables...y digo que es una confesión porque la tía, ahora una anciana de 90 años, y él mismo, no hacen más que repetir lo bien que lo pasaban juntos durante las vacaciones.

 Al día siguiente, otra llamada parecida, ahora llorando a moco tendido, justo después de escuchar los gorgoteos de su hermanita: Mamá, ven a buscarme..ha sido un gran error quedarme, quiero estar con vosotros... y venga con argumentos de un lado y de otro: pásatelo bien y disfruta, que no..que quiero estar con vosotros, que porqué no vienes, que es complicada la distancia, que la abuela te traerá a casa en tren, que no me quiero quedar más...ya..mas llanto..mas desesperada yo.

Al colgar, esta vez si que empiezo a buscar billetes de tren para pedirle a la abuela que adelante el regreso, pero..resulta que no hay billetes para el fin de semana más cercano y ella sólo puede viajar en fin de semana, no es posible adelantar el viaje....pero podemos ir en coche a buscarle, ir en avión, la alarma del instinto rescatador otra vez...ringgg!!!

Llega el padre, yo le planteo la situación límite, le llamamos y nos contesta todo contento que está en el río pescando renacuajos, sí que le dice que le echa de menos, que quiere volver  y no quiere colgar, pero...está de otra forma muy diferente, le decimos que estamos orgullosos de él y que sea fuerte.

Pero hoy se repiten mas o menos las mismas palabras y los mismos argumentos.

La tía me dice toda apurada que el niño se encuentra bien, pero es escuchar la voz de los padres, especialmente la de la madre (todo sea dicho) y ponerse blandito como un flan.

Que es verdad que el niño está sólo con la tía en una casa que no le es familiar (alquilaron unos días una casa en un pueblo, pensando que el aire serrano y el río les encantaría a los niños) que el plan era que su primo se quedara con él y a última hora no se quedó, que cuando llegue a Madrid se quedará mas días de lo previsto porque no hay billetes de tren.....todo estos factores influyen.

Hay expertos quienes afirman que un niño puede considerar como abandono cuando indica a sus padres que no quiere estar en un sitio y ellos hacen caso omiso, incluso que puede volverse una experiencia traumática.

Otros en cambio, dicen que a pesar de que en algunos momentos lo pasen mal, las primeras vivencias de unas vacaciones separados de los padres, fortalece su carácter y les ayuda en su autonomía.

Yo sólo le pido a Dios que le de fortaleza a mi hijo y que todos podamos aprender de esta experiencia.


¿ Tus hijos o tú habéis pasado por una experiencia similar? ¿Como actuarías en este caso?

Saludos !







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